martes, 8 de junio de 2010

Sobre la amistad

Estimados lectores, especialmente, Martín:

Mis entradas son siempre para todos. Hoy probablemente la generalidad se transforme en lo particular, cada uno interprete como quiera y como sea. Voy a tocar un tema que cómo jóvenes nos hace y es muy trascendente.

Sin la amistad no seríamos lo que somos, sin esa sensación de tener a alguien al lado que te acompaña en las boludeces y en los momentos serios, que se emociona con vos, que llora porque estás triste. Un amigo como tercera opinión, como el crítico más constructivo, como un hermano que uno elegiría si pudiera.

Y cada uno le da a los amigos el valor y el status que quiere. Hay mejores amigos, más amigos que otros, menos amigos, conocidos, compañeros. Pocos, privilegiados, a veces ninguno, tienen esa suerte de encontrar a alguien en quien confiar, con quien reír sin problemas, sin vueltas, con quien hacerse malasangre por tonterías y no tener que pensar en ir a cenar o en bañar al perro.

Esta nota va dirigida a esos amigos suyos. Uno no se da cuenta el valor de un amigo hasta que lo pone en juego, lo necesita, o sencillamente lo pierde. Nada de esto es gratuito, porque si bien los amigos no están de decoración y tenemos que bancarnos siempre, dañar gratuitamente a un amigo no tiene ningún sentido.

Y un amigo sabe perdonar, porque se sabe también imperfecto. No hablo de grandes daños, si de pequeños errores, porque la amistad en sí es ir conociéndose cada día más. La idea de esta entrada es recordar que muchas veces uno logra su identidad gracias a sus amigos. "Gracias a" suena bastante fuerte, pero así es. Desde cosas tontas como la música, uno toma lo mejor del otro y se forman las mejores simbiosis. Amigos, expresiones, ideas, conceptos, proyectos de vida.

Los amigos no siempre damos lo mismo. Algunos solo están para escuchar, otros son impulsivos y no saben hacerlo, pero la idea es ser complementarios, no iguales. La amistad pasa por maximizar las virtudes del equipo, y trabajar como si fuese una sola conciencia la que opera.

Cuidar a un amigo es un trabajo más complicado que amar al prójimo como a uno mismo. Hay que saber ponerse en el lugar del otro antes de actuar, tratar de estar en la piel de uno y pensar qué pasaría...en fin, un sinnúmero de medidas que sirven para resguardar esa base, que uno tiene inconciente, de que siempre lo van a bancar con sus problemas.

Y cuando uno se equivoca, debe saber pedir disculpas.

Martín.

P.D: Si alguno busca un ejemplo real de todo lo descrito arriba, lo tengo yo a la vuelta de mi casa, y si EL no es un buen amigo, entonces no sé quién lo es.

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