jueves, 22 de julio de 2010

Saber escuchar.

Estimados lectores:



Saber escuchar es una cualidad que todos podemos poseer y usar en mayor o menor medida. Me refiero a escuchar intentando englobar el ponerse del lado del otro, tomarse el tiempo, compenetrarse con la situación del que confía en nosotros y dar una opinión de corazón y meditada. Puede sonar fácil, pero no lo es.



Escuchar sirve de mucho. Ayuda al que cuenta a ponerse en perspectiva y poder ser más objetivo. Ayuda al otro a entenderse a sí mismo. Escuchar a un amigo es como permitirle escribir sus pensamientos, y dejarlo juzgar la situación quizás desde otro ángulo.



Todos intentamos escuchar, pero no podemos. Y somos una generación que demuestra que cada vez necesita ser más escuchada, leída y tenida en cuenta. Basta con tan solo ver los blogs, libros, poesías, foros, de jóvenes de todo el mundo. Los padres, que son el actor original encargado de escuchar y brindar la contención de la que hablo, suelen estar ausentes. El mundo globalizado de hoy los tiene ocupados, ya sea trabajando para sobrevivir o en el gym o por el plasma, el tiempo familiar se ve aniquilado, y la juventud en su mayoría recurre a sus pares para la contención, el apoyo y la opinión.



He aquí mi receta para saber escuchar a amigos, o a cualquiera que lo necesite. Primero, tomarse el tiempo y actuar cuando se debe. Nadie puede ayudar a otro apurado y con ganas de irse a chatear o a ver casi ángeles. Tampoco se puede patear el problema del otro para el sábado a la tarde entre las 4 y las 7. Un problema de alguien que queremos debe ser considerado como un problema propio, tratado con todos los medios que tenemos al alcance, aquí y ahora.



Segundo, ponerse en el lugar del otro, no en el lugar de uno mismo. Por algo uno mismo no está pasando por esa misma situación en ese momento, y por algo a uno le llevan el problema para opinar. Cuando alguien tiene un problema busca una opinión o una solución aplicable desde SU perspectiva, y no una utopía desde la vida de otro.



Así saber escuchar se transforma en la herramienta más poderosa que tenemos para ser mejores personas. Ver qué necesita el otro más allá de lo que nos pueda estar pidiendo con palabras - muchas veces es nuestro tiempo o un abrazo - y brindárselo es algo muy satisfactorio. Ayudar no es siempre dar soluciones ni dar cosas materiales, sino tomarse el tiempo que las situaciones requieren para ir madurándolas.



Escuchando no sólo a nuestros amigos, sino a todas aquellas personas con las que nos crucemos, nos volvemos seres sensibles a lo que ocurre a nuestro alrededor, somos más concientes de lo que puedan sentir los demás y, en definitiva, vivimos más intensamente.



Martín.





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