domingo, 21 de noviembre de 2010

Sobre las formas.

Estimados lectores:

Vuelvo a escribir después de la última semana de parciales del CBC. Qué lindo... Quería hablar sobre un tema que reviví en la facultad. Y es el tema de las formas de ir a un lugar, las formas de hablar, de dirigirse a la gente. Estas formas guardan el valor institucional de las cosas, les dan importancia. No es "igual de importante" un lugar al que puedo ingresar sólo de traje, que uno al que puedo ir de malla y ojotas si quiero.

Pero tampoco es tan así, porque eso permite discriminar, crear lugares falsamente elitistas, formar a la sociedad en la desigualdad, cuando en realidad nadie es mejor o peor por tener un traje. De hecho, yo puedo alquilar un traje igual de caro que cualquier otro, y ser muy inteligente y hablar. Pero la inteligencia no se alquila, hay que construirla, por más trajes que uno tenga en el ropero.

Y entonces aparece una disyuntiva difícil. Esto es lo que opino yo: Si yo caigo a la facultad de malla y musculosa, la estoy desvalorizando y abusando de la libertad que me otorga de ir como yo quiero. Ir de saco y corbata no tiene sentido, pero aún así hay que encontrar un punto medio que reúna la libertad de ir cómodo y la institucionalidad de estar en una facultad. Y pasa lo mismo con restaurantes, hoteles, la calle, teatros...etc. Cada lugar varía según la imagen que tenga la sociedad del mismo. A nadie lo van a mirar mal por ir a la calle en ojotas, pero sí al teatro.

Esa visión de la sociedad cambia con el tiempo, y mucho. Por ejemplo, en los años 30 se iba a la cancha de traje. No conozco a NADIE que hoy haga lo mismo. Y ejemplos así sobran. Pero ocurre que uno puede no compartir la visión de la sociedad, y decir: "¿Qué tiene de groso el Teatro Colón para que yo tenga que ir de traje?". Por ahí esto hoy suena bastante revolucionario, pero dentro de 70 años quizás sea tan lógico como decir "¿Qué tiene de grosa la cancha para que yo tenga que ir de traje?"

Entonces opino que es imposible medir la importancia de un lugar a través de la evolución histórica, de la visión de la sociedad, etc. Creo que uno debe adecuarse al momento en que vive y decidir si adhiere con la institución en ese momento o no, de acuerdo a sus principios e ideales. Entonces, uno decide valorizarla o no según sus acciones. Y a mi entender, el tipo que se baña y viste para ir a la facultad, decide valorarla más que el que va en ojotas. Puede sonar chocante, pero es lo mismo con una cita. Si vos te vestís y te bañás para ver a una chica es porque la valorás. Si decidís ir sucio y barbudo, bueno, probablemente no sienta que uno le dedica el tiempo suficiente.

Y lo mismo opino que se traslada a las personas. Cuando una persona ejerce un cargo, ese cargo le otorga ciertas responsabilidades y por ende cierta importancia. Si uno lo trata con respeto, y mantiene las formas, está demostrándole que adhiere a esa importancia que se le da, y que entiende su autoridad. Eso no implica que una charla fuera del ámbito no pueda hablar más informal. Para mí, el ejemplo más claro son los profesores. Muchos de ellos resignan autoridad por tener un buen trato con los alumnos, y muchos otros son tildados de malignos por pretender que se los trate con respeto. Algunos pocos, a mi parecer los mejores, pueden permitir un trato informal y aún así merecer y mantener la autoridad que tienen, por su inteligencia y su forma de trabajo. Si bien esto es complicado, es la forma más moderna y avanzada de respeto. Es el respeto como respuesta a actitudes, y no el respeto impuesto por una institución.

Volviendo a los lugares e instituciones, creo que la situación ideal sería que cada uno, haciendo una valoración personal - que luego se extienda a todo el grupo - le de la importancia a los lugares por las cosas que allí suceden o por lo que representa, y no por un reglamento impuesto. Entonces, si en la sociedad se valorara el estudio, la gente no escribiría en las paredes de la facultad, no la ensuciaría, e iría vestida acorde. Obviamente hay un gran número de personas que sí respeta todo esto, pero utilizo el ejemplo de la facultad como el más cercano y por ser el que me revivió el debate a nivel interno.

Conclusión: Para mí, imponer formas, trajecitos, no tiene demasiado sentido si la institución que lo hace no se gana ese respeto por el trabajo y las actividades que desarrolla. Es importante que los reglamentos sean consensuados, y que la libertad sea ejercida responsablemente, y no abusando de las faltas de reglamentos. Eso muchas veces genera reacciones conservadoras y que tampoco tienen ningún sentido.

Como verán, esta es una apreciación muy personal del tema, al que también le falta mucho que debatir. Están todos invitados a comentar, a criticar, a opinar, por acá - HABILITÉ COMENTARIOS ANÓNIMOS - y por facebook.

Saludos,

Martín.